jueves, 13 de noviembre de 2008

Preguntas pertinentes sobre el nuevo secretario





Por Jorge Javier Romero



Pasado el llanto por Patroclo, la guerra continúa; se declara combatir en nombre del héroe caído, pero hay que nombrar nuevo campeón para la batalla. Y se recurre al antiguo íntimo para sustituir al de los últimos tiempos. La verdad, a mi me parece que es lo más lógico y normal en una democracia que el presidente recurra para gobernar a sus validos para ejercer el poder y echar a andar su estrategia. ¿Cómo va a dejar la política interior a alguien en quien no confíe, con quien no tenga lazos de comunicación de confianza completa? Me parece una petición absurda buscar para ese cargo a alguien con demasiada autonomía política. Pedirle al presidente que busque a los más capaces por encima de sus más cercanos es simplemente una ingenuidad que si hubiera sido oída por el presidente se hubiera convertid en su pase temprano al retiro.
En cambio apostó por su antiguo camarada político. Se conocen desde hace años y han compartido militancia. Nadie puede decir que Fernando Gómez Mont no es panista. Lo es desde el útero materno, a pesar de haberse alejado desde hace años de la actividad partidista. Pero experiencia tiene y por lo visto simpatía, por la recepción que ha tenido su nombramiento. Pertenece, además, a una familia ilustrada de prosapia, católica y prolífica. El padre fue un hombre muy relevante en el PAN de los tiempos heroicos. Por eso también me suena candoroso que salga el líder de los senadores del PRD a pedirle que no se comporte como panista al nuevo secretario de gobernación.
Más que hacer peticiones, hay que hacer preguntas. Y son muchas las que provoca la trayectoria del nuevo lugarteniente. La primera es si va a actuar con energía como responsable del interior de un gobierno laico. Viene de una familia incorporada a la política con Gómez Morín. La alianza con la que el fundador armó al PAN la hizo precisamente con los jóvenes católicos que lo apoyaron como rector de la UNAM en 1933. Su oposición al régimen tenía en el tuétano el rechazo al anticlericalismo del régimen. ¿Cómo evalúa el heredero de esa tradición al Estado laico mexicano de hoy? ¿Está comprometido con él o le parece excesivo?
También es pertinente preguntarse, viendo el abultado currículo del abogado postulante, si va a actuar como servidor público en la defensa del interés general o va a hacerlo a favor de particulares señalados. ¿Es un hombre de convicciones políticas o de intereses? Ha declarado que entiende exactamente de qué se trata el conflicto de intereses y que sabe como evitarlo. Sin embargo, el PAN no ha dado buenos ejemplos de abogados metidos a la política. Y las dudas surgen porque algo pudo haber aprendido el discípulo del viejo profesor Diego. Se ha dicho de él que es un buen negociador. Frecuentemente la derecha ha confundido negociador con negociante.
Si el presidente confía en el nuevo secretario no será sólo para que haga lo que le manden. Seguramente también espera consejo estratégico y proposiciones políticas. ¿Qué trae de novedoso Gómez Mont? ¿Cómo ve la guerra contra el crimen organizado concentrada en el combate a las drogas? ¿Está de acuerdo completamente con la estrategia o propondrá algo innovador? En este terreno, además, el gobierno de Calderón se puede llevar una sorpresa con la llegada de Obama a la presidencia de los Estados Unidos. Es probable que se comiencen a ver cambios en la política de drogas puritana y orientada al combate de la oferta por medio de la violencia. ¿Cómo lo va a llevar el nuevo jefe del gabinete de seguridad?
Y están todas las preguntas sobre las cuestiones meramente políticas. ¿Qué leyes va a negociar Gómez Mont? ¿Cuál es la coalición legislativa que va a construir o va a seguir la casuística zigzagueante de hasta ahora? Claro, eso depende, en buena medida, de cómo queden las cosas después de la elección legislativa del próximo año. A lo mejor, el PAN sufre una caída que deje prácticamente inhabilitado al presidente para sacar adelante una agenda de reformas. Es probable que el PRI sea el que se quede con la voz cantante en materia legislativa, con un PAN apenas con capacidad de veto y convertido en simple acompañante de la restauración, mientras el PRD se hunde y sus fragmentos quedan precariamente a flote.
De ahí que una tarea de lo más relevante para el nuevo secretario de gobernación va a ser hacia su propio partido. Otra petición absurda es la que pretende que el secretario de gobernación no juegue a favor de su equipo en la contienda electoral. Es ridícula la idea de que un gobierno no sea partidista. Es pedirle a los políticos que no hagan política. Es la hipocresía de una pretendida neutralidad institucional que no existe más que en las fantasías. Una cosa es que los políticos en democracia tengan que cumplir la ley y no ser arbitrarios en su comportamiento y otra que no hagan política.
Y la principal tarea política hoy del nuevo secretario de gobernación es, sin duda, tratar de evitar que el barco del gobierno de Calderón se escore y quede varado durante los últimos tres años de su gobierno, paralizado por un legislativo dedicado al derribo porque lo que está en juego es la siguiente elección presidencial. De ahí que tenga que construir las condiciones políticas para que no venga una debacle panista en el 2009.
En lugar de pedir absurdos, lo que hay que reclamar es una exposición clara de intenciones y de compromisos. Eso es lo democrático: programas políticos expuestos con claridad a la sociedad que los avala con su voto, no la llegada de los justos.