
Por Jorge Javier Romero
Richard Dawkins ⎯el biólogo evolucionista británico destacado por su defensa del pensamiento científico frente a las supercherías religiosas⎯ ha acuñado el término meme para referirse a los paquetes de información cultural que se transmiten por mimesis, por aprendizaje, por repetición de generación en generación y que complementan la personalidad humana, la que tiene que ver con la conciencia, mientras que los genes son los paquetes biológicos de información que definen la otra parte de nuestra identidad. Somos genes evolucionados a lo largo de millones de años y memes, que tienen la historia del homo sapiens ⎯unos cien mil años⎯ y que evolucionan mucho más rápido que los paquetes biológicos pero que tienen persistencia de generaciones y conservan siempre trazas de percepciones ancestrales codificadas en el lenguaje.
Los memes se estructuran en maneras de hacer las cosas que van cambiando gradual, marginalmente, a lo largo de los siglos, aunque durante los últimos doscientos años ese cambio se haya acelerado a grados insospechados en cualquier otra época de la percepción humana. Durante noventa mil años, humanos con iguales capacidades mentales que las nuestras, con la misma habilidad de abstracción y las mismas posibilidades emocionales, vivieron como cazadores recolectores. Los siguientes diez mil vivieron de las crecientes posibilidades de la producción local de alimentos y en los últimos doscientos sus formas de vida ancestrales se han transformado con la eclosión tecnológica; la información, materia nutriente de los memes, ha aumentado exponencialmente y ha acelerado el cambio cultural.
Pero a pesar del cambio de época, que el premio Nobel de economía de 1993, Douglass C. North considera la segunda revolución económica de la historia de la humanidad, sólo comparable a la aparición de la producción de alimentos en sus efectos en la vida de las personas, la persistencia de las rutinas sociales, de los comportamientos heredados, de las formas de intercambio, marca la diferencia entre el desempeño de las sociedades.
Los memes: eso que llamamos cultura; espíritu nacional, identidad de un pueblo. Lo de menos es si se come pan o tortilla o si se tiene mayor o menor registro mental del picante. Lo relevante es la forma en la que las diversas partes que componen esa abstracción que llamamos nación coexisten; sus prácticas y sus reglas. Sus instituciones.
La historia de México como nación coincide con los doscientos años de cambio vertiginoso en las formas de vida de toda la humanidad. Y sin duda no hemos estado en la cola de la transformación. Pero hemos enfrentado el cambio con un repertorio cultural ⎯memético⎯ deficiente para aprovechar las oportunidades del desarrollo tecnológico y la mejora en la calidad de vida.
Cuando se lee la historia de la fundación nacional, no de la mítica gesta de Hidalgo o el fallido intento de Morelos, sino la que tuvo efectos constitutivos, la de Iturbide y su plan de Iguala, lo que se encuentra es una crónica incapacidad para debatir, una desconfianza mutua, una ambición desmedida y nulo sentimiento de comunidad social con espíritu de cooperación. Son los intereses privados, individuales o colectivos, en competencia descarnada por la conservación de derechos privativos, de privilegios, y por la conquista del vacío de control de la propiedad dejado por la corona y los españoles tempranamente expulsados. La rapiña.
Y la política en el filo de la navaja de la lealtad institucional. La rebelión popular, de los excluidos, siempre como posibilidad. Una integración estamental heredada que se ha reproducido y divide hoy al país en mitades, pero con una concentración brutal de la riqueza en un pequeño vértice de la pirámide de ingreso.
Ahí están las repeticiones en las maneras de hacer las cosas. Iturbide enfrentado a un congreso mal diseñado que no se ponía de acuerdo en nada. Guerrero rebelado contra el triunfador de las elecciones, al que considera espurio; los generales rebelados contra la reforma de 1833. Los bandidos errantes e guerra contra el naciente Estado.Todo suena demasiado familiar, demasiado actual.
La negociación permanente de la desobediencia, la utilización recurrente de la condición de víctima, la costumbre de la derrota.
Somos nuestros memes y nuestros genes. Pero si los genes sólo los podemos modificar con un complejo proceso de laboratorio, todavía en ciernes, los memes se transforman con información y con educación; con nuevos conocimientos. Son producto de la conciencia humana y la conciencia los puede transformar.
Pero cuando se enfrenta uno a líderes que repiten viejos errores, que reproducen los mismos comportamientos probadamente fallidos, que tiran por la borda su capital político por hacer las cosas con las percepciones de siempre en escenarios novedosos, frente a los que se requiere de tecnologías sociales innovadoras, no queda más que la grima; el enojo por el misoneísmo que impide aprovechar el nuevo conocimiento como guía para la acción. La ignorancia que ata a la tradición, a la mera intuición. Y la sensación que queda es la de la repetición cansina del camino equivocado. La pesada carga de la herencia memética.
1 comentarios:
hey que inyteresante :D chido que haya gente con pensamiento critico en esta sociedad cada vez mas zombie :s
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