miércoles, 20 de agosto de 2008

Hoy en La Crónica




Ni juez constitucional ni laico

Por Jorge Javier Romero



Presentó el ministro Aguirre su proyecto sobre los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por la Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos contra la legalización del aborto en el Distrito Federal. En alrededor de 600 folios expone su desprecio por las pruebas y los argumentos presentados durante el proceso en las audiencias públicas convocadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, sobre todo, su desdén por las mujeres y sus derechos.
La ponencia del ministro Aguirre alardea de ajustarse únicamente a criterios jurídicos. Sin embargo, sus argucias expositivas eluden de plano la discusión central: ¿es el embrión de 12 semanas de gestación una persona? Y si lo es ¿dónde están sus atributos jurídicos, como nombre, edad, etcétera, o cuáles son los criterios científicos en los que basa su apreciación? Para el ministro Aguirre el derecho a la vida es absoluto. Desprecia todo el conocimiento médico de nuestro tiempo, que por supuesto descarta la convicción religiosa de que el momento de la concepción es el principio de la vida humana. En términos biológicos, claro, incluso el espermatozoide aislado y el óvulo están vivos, pero desde luego no se trata de vida humana, que es la que está protegida por la legislación. Por tanto, la simple unión de un óvulo y un espermatozoide no implica el principio de la existencia de una persona, caracterizada en términos científicos por la existencia de un sistema nervioso desarrollado y un cerebro.
La concepción de la vida que maneja el ministro Aguirre es completamente metafísica. Parte, a pesar de su disfraz retórico, de su personal convicción religiosa. Desde luego que tiene derecho a creer en lo que le de la gana. Por mi, como si cree en las hadas del bosque. Pero como juez constitucional del Estado mexicano su obligación es construir juicios laicos, lo que implica basar sus decisiones en conocimientos científicos, apegados a los criterios de falsabilidad que diferencian a las creencias del conocimiento. Que el alma entra en el momento de la concepción no se puede ni probar ni desaprobar de acuerdo a un método, como no se puede probar que los huesos de los dinosaurios los plantó dios en la tierra para probar nuestra fe, como afirmaban algunos predicadores religiosos en el siglo XIX, por lo tanto se trata de argumentos que no pueden ser tomados en cuenta en un alegato basado en el conocimiento. La idea de vida que plantea el ministro ponente entra en este terreno. Lo que se puede demostrar científicamente, contrastar y someter a falsasión es que el proceso de diferenciación y especialización celular se va produciendo a lo largo de toda la gestación, por lo que el embrión de doce semanas no es más que un conjunto de células sin el suficiente desarrollo para ser considerado una persona.
Pero Aguirre omite esta discusión. No polemiza en este terreno. Sólo argumenta retóricamente hasta el fárrago. No escuchó ningún alegato médico ni científico ni entró al fondo jurídico de la preeminencia de los derechos de las mujeres como personas frente a la existencia de un embrión incipiente.
Por lo demás, la ponencia carece del empaque que requiere un auténtico juicio constitucional, que sitúa la legislación en el contexto social donde se desarrolla. Durante las audiencias se presentaron diferentes alegatos sobre los efectos sociales de la penalización del aborto en todo el país. Experiencias de mujeres y médicos que han enfrentado la clandestinidad de una práctica que forma parte de la realidad mexicana y que involucra a personas que no son delincuentes, que sólo enfrentan los dilemas de la vida humana de nuestro tiempo.
Ignora también Aguirre en su argumentación el derecho comparado. La manera en la que se ha resuelto el tema en los países democráticos del mundo. Si el derecho a la vida es tan absoluto como lo pretende el ministro, entonces España, Francia, Italia, los Países Bajos, Suecia o la Gran Bretaña, además de muchos estados de los Estados Unidos deben ser considerados por su señoría como naciones genocidas.
En el fondo, la discusión que se está dando es sobre el carácter laico del Estado mexicano. Si el máximo tribunal de la República fija el derecho a la vida con base en una concepción metafísica, religiosa, estará imponiendo una moral particular a una sociedad plural y diversa cuya convivencia requiere de garantías y derechos construidos sobre principios no religiosos. A pesar de los deseos de control inquisitorial de la Iglesia Católica y de otras confesiones, la sociedad mexicana es cada vez más secular y, desde luego, enfrenta problemas concretos que no pueden ser resueltos con las soluciones por definición simplonas de las creencias religiosas, desarrolladas como respuestas, de suyo autoritarias y excluyentes, a la convivencia social de tiempos medievales.
El pleno de la Corte tiene ahora la responsabilidad de enfrentar el asunto sin atavismos y sin anteponer creencias al conocimiento. Las mujeres que enfrentan las difíciles concreciones de una vida donde privan todavía discriminaciones y opresión deben estar en el centro de la reflexión colectiva de los ministros, no las admoniciones teológicas disfrazadas de argumento jurídico.

1 comentarios:

Eduardo Rentería dijo...

Un poco de humor negro:

Quien está en contra del aborto abogará por la pena de muerte. Quien defiende el aborto está en contra de la pena de muerte. Paradoja que es más común de lo que se piensa.

No me lo tomes a mal, pero yo sí le entro a la discusión central; ¿es el embrión de 11.5 ó 12.5 semanas de gestación una persona? Desde luego en términos médicos para no entrar en el campo de la biología.

Aceptando "que el embrión de doce semanas no es más que un conjunto de células sin el suficiente desarrollo para ser considerado una persona...", luego entonces la persona existe a partir "de un sistema nervioso desarrollado y un cerebro." Siendo así que estaremos de acuerdo en "que el proceso de diferenciación y especialización celular se va produciendo a lo largo de toda la gestación." Subrayo; toda la gestación.

Tus propias palabras servirán de argumento para la posición de aquellos que defienden la vida humana desde la unión de un óvulo con el espermatozoide. Desde mi particular punto de vista este "argumento" me parece llevado al extremo. Y generalmente los extremos no son buenos.

Ahora bien, cómo debe entenderse "la preeminencia de los derechos de las mujeres como personas frente a la existencia de un embrión incipiente." Si la razón es jurídica, es decir, no como pregunta sino como aseveración; las mujeres son primero que el embrión. Pues entonces hay poco que hacer, el embrión juridicamente queda en segundo término.

En la práctica de la vida real, en nuestra sociedad de todos los días, con o sin aborto reglamentado; la mujer seguirá decidiendo sobre el número de embarazos e hijos. Dejo de lado por el momento a las mujeres que no tuvieron la forma de decidir; mujeres en extrema pobreza o mujeres violadas.

En el México real que conocemos, quién será el médico que nos garantice, como sociedad, el cumplimiento del límite jurídico, cualquiera que sea éste; 11, 12 ó 13 semanas.

No sé, pero en algo me recuerda a la pregunta que insistemente he escuchado por estos días: "¿con esos policías y jueces que tenemos álguien confiaría en ellos para aplicar la pena de muerte?" Ese cuestionamiento no pone en duda la pena de muerte, sino a los responsables de aplicarla. De antemano, tanto el sentenciado a muerte como el embrión ya perdieron.

Es algo semejante en el caso del aborto, todos podemos adelantarnos a lo que sucedería; los límites se romperían, otra vez, clandestinamente. Esa norma iría impulsando poco a poco, primero a la flexibilidad, y luego a la revisión de los parametros que, con argumentos científico-médicos, pudieran concluir que el aborto se permitiera después de las 12 semanas. Y no estaría mal, porque se seguiría respetando la preeminencia del derecho de la mujer sobre el embrión.

Y con el paso del tiempo aquellos que provocaron el aumento de la población por prohibir el aborto, defenderán la pena de muerte por el aumento de la inseguridad. Por el contrario, los defensores del aborto pedirán la abolición de la pena de muerte, porque la población ira disminuyendo naturalmente. Ejemplos de esto último en paises centroeuropeos son una realidad, la población decrece.

Está bien preguntar y defender los derechos de la mujer en cuanto a la posibilidad de abortar, pero sin dejar de lado la importancia de aspectos socio-culturales que tarde o temprano impactarán económica y demográficamente. Como dicen los chinos actualmente; un hijo por pareja. Mil trescientos millones de chinos no soportan tasas de crecimiento poblacional más allá de un hijo por familia.

En todo este enredo, desde mi punto de vista, es tan peligroso prohibir el aborto como dejar plena libertad a la mujer en su preeminencia sobre el embrión. No es tan simple como hablar de derechos, que sin duda los tiene la mujer, el problema es cómo cuidar la obligación de respetar los límites legales y las consecuencias inevitables que tendrá sobre el crecimiento poblacional. No es verdad que hay un criterio plano en términos científicos que le dé sustento al límite juridico para legalizar el aborto. Dependiendo del país hay legislaciones que lo marcan entre las 11 semanas y los hay algunos que hablan de hasta 14 semanas. No soy médico para encontrar la explicación de ello, pero sí me hace pensar que no existe un límite estrictamente científico que diga con certeza cuándo ya hay una persona con derechos iguales a los de la madre. Por eso, me parece, no es tan ociosa la pregunta que te hacía líneas arriba, ni tampoco creo que tú ni nadie en éste momento tenemos la seguridad al respecto; dónde y quién pone los límites, luego, cómo los hacemos respetar, y por último; qué impacto tendrá en el crecimiento o decrecimiento de la población. Lejos de la religión, cerca de la Constitución y en medio la vida (social, económica y humana).

En el caso de los recursos de incostitucionalidad interpuestos por PGR y CNDH supongo que más allá de las razones jurídicas también están contemplando que algunos de nuestros magistrados profesan alguna religión, ingenuo sería suponer lo contrario. Como quizá pudiera darse el caso de algunos magistrados convencidamente laicos. Lo cual nos lleva al terreno de las decisones con criterio político, y eso en México pone las cosas de la patada. No quiero ser ave de mal agüero pero la cosa, aparentemente, no pinta bien en ese sentido. Ojalá me equivoque al respecto.

Pues ya para no seguir abusando de tu blog, déjame decirte que es un gusto leer a personas como tú y espero no te sean incómodos mis puntos de vista sobre este tema y puedan aportar positivamente. Y si son incómodos, pues ya ni modo.

Un saludo Jorge.