martes, 3 de junio de 2008

"Yestarday's gone"

El niño Barak con su madre en Hawai.

En 1992 la candidatura de Bill Clinton se presentó como un soplo de aire fresco después de los doce años acedos de presidencia republicana en los Estados Unidos, primero los del conservadurismo oscurantista de Reagan y después los cuatro de marcha triunfal del pensamiento único sobre las ruinas de la Unión Soviética y su imperio de Bush padre. Clinton apareció de la nada, cuando los demás candidatos demócratas eran reacios a participar en lo que consideraban una derrota anunciada para cualquiera que fuera por su partido. El viejo Bush aparecía como el presidente fuerte, conservador sensato, que le había parado en seco los tacos a Sadam Hussein y que reperesntaba mejor que nadie el liderazgo de los Estados Unidos en el mundo. Los demócratas más prudentes estaban dispuestos a dejarlo que siguiera gobernando. Pero apareció el joven y simpático gobernador de Arkansas , con su cara de niño bueno y su brillante mujer a lado. No en balde durante las primarias muchas partidarias lucieron botones que decían que iban a votar por el marido de Hillary.
La campaña de Clinton se llevó los malos humores de los pantanos del conservadurismo más puritano y militarista con una cancioncita de Fleetwood Mac con un estribillo que decía:
“Don’t stop, thinking about tomorrow,
Don’t stop, itll soon be here,
Itll be, better than before,
Yesterday’s gone, yesterday’s gone.”
Una cancioncilla fresa pero muy optimista, excelente para una campaña. La pareja iba de reformista moderada y se mostró moderna cuando comenzó la guerra sucia de ventilar los pecadillos sexuales de Bill y salieron juntos a enfrentar el asunto sin falsas hipocresías moralistas.
Ganó con una buena ayuda de la economía, que en aquel 1992 decidió echarse como las mulas. Y Clinton fue un buen presidente, poco aventurero en lo internacional y concentrado en la administración de la economía, una vez que fracasó en sus intentos de reformas más relevantes, sobre todo la del seguro médico universal.
La tragedia de Gore, triunfador en votos populares pero incapaz de detener en Florida la revancha de Bush, apartado de la presidencia después de un único período, nos condujo a estos ocho años de despropósitos, de tragedia de errores. Guerrero, fanático y loco, la mejor herencia de baby Bush puede ser haber abierto la puerta a un proyecto de reforma más profundo, a una ampliación de la representación en los Estados Unidos, pues aunque sólo sea en al ámbito de las elites, la llegada de un negro a la presidencia significaría un tirón hacia una mayor democratización de la política norteamericana.
Y ahí está Barak Obama, con su sorprendente campaña de apuesta por el cambio. No queda muy claro de qué se trata, pero en términos generales suena bien. Suena juvenil y aventurado y puede generar un clima de renovación como el de los primeros años sesenta, a partir del triunfo de John F. Kennedy, que desembocó en la década prodigiosa.
Puede que estemos en la antesala de tiempos mejores, más creativos, menos pacatos. Puede ser que nos vuelva tocar vivir tiempos interesantes, como los de la maldición china. El hecho es que hoy sonaron los ecos de aquella vieja tonadita en la casa de los Clinton: “yesterday’s gone, yesterday’s gone…” Ojalá así suene en todos los Estados Unidos y resuene en el mundo después de noviembre..

4 comentarios:

LaClau dijo...

Hola. Pasé a visitar tu espacio en la blogósfera.
Todo un tema el que tocas hoy.
Saludos.

Artemisa dijo...

Siempre el discurso aspiracional, el discurso de fe que busca mover desde la tripa es eso: conmovedor (y movedor).

Habrá que ver si es suficiente contra los muchos obstáculos que le vienen encima, de republicanos y de demócratas hillarianos o más conservadores.

A mi él me fascina, pero nunca he sabido bien por qué. Creo que soy parte de la masa que se movió con el discurso y los videos del wey de Black Eyed Peas... ¿no? Además el fenómeno creo que lo conoces más tu que yo.

Pedro Aguirre dijo...

Clinton fue poco aventurero en lo personal, ¡pero que tal en lo personal!

Estoy de acuerdo con que Barack Obama emociona, ¡Hasta el sangrón de Chucho Silva se ha enamorado de él! Sí se reafirma como el epítome del político del siglo XXI, gana, aunque soy escéptico sobre los fondos de su propuesta.

alvaro Locx dijo...

Pues creo que en medio de esta crisis alimentaria petrolifera y del encumbramiento de China como superpotencia al nuevo líder de USA se las vera más que apretadas.

el color de la pie no es garantía para cambios sociales significativos, lo interesante será ver como queda su congreso en caso de ganar, pues si los republicanos logran muchos escaños maniataran al negrito cucurumbe.