miércoles, 7 de mayo de 2008

Indignación



Por: Jorge Javier Romero | Opinión
Miercoles 7 de Mayo de 2008 | Hora de publicación: 02:25


Eso es lo que siento. Un enfado vehemente contra los actos del Tribunal Electoral del Distrito Federal y contra los del Tribunal Electoral de la Federación —el TEPJF de eterno nombre— que han avalado el asalto a Alternativa Socialdemócrata. Y si el sentido de su fallo me ha indignado, los argumentos con los que lo justifican me han causado una profunda repugnancia. Puede ser que las decisiones de la sala federal sean definitivas y jurídicamente inatacables, pero no son por ello ajenas a la crítica, sobre todo cuando resultan esencialmente subjetivas y sin que detrás de ellas exista un criterio jurídico sólido.
El tribunal del DF falló a favor de la validez de la asamblea de Alternativa con el argumento de que la violencia, si bien sí había existido, no fue permanente, así que los agredidos pudieron haber regresado a la sesión. Vaya tontería. El machismo del argumento apabulla. Según el tribunal unas personas que fueron golpeadas, perseguidas, encerradas y sustancialmente amedrentadas debieron de haber esperado agazapadas a que los agresores, pagados evidentemente por los adversarios, se fueran y entonces, bravuconamente, volver a la sala a continuar deliberando democráticamente con quienes habían pagado para que los echaran. El argumento es pueril o francamente parcial. Y detrás de él no hay ningún argumento jurídico, pura apreciación subjetiva que, de ser honrada, sólo muestra una falta de conocimiento sobre los mecanismos biológicos del miedo y de los efectos de la violencia sobre personas inermes.
Joaquín es un joven activista por la causa de las personas que viven con discapacidades. Él encontró en Alternativa un espacio para amplificar su voz y apostó por el proyecto que representó en 2006 la candidatura de Patricia Mercado. Él era uno de los delegados a la asamblea que tuvieron que salir protegidos a duras penas por sus compañeros ante la agresión de unos golpeadores a sueldo. ¿De verdad creen los magistrados que Joaquín iba a tener alguna gana de volver a la asamblea? ¿Qué tipo de persona vuelve de inmediato a un sitio de donde la acaban de echar a platazos, sillazos y puñetazos? No sé si los magistrados hicieron el ejercicio mental básico de la justicia que consiste en ponerse en el lugar del otro. Tal vez ellos —y ella— sean muy machos. Los integrantes del proyecto original de Alternativa no lo somos.
Precisamente porque estamos en contra del machismo y de la arbitrariedad es que hemos apostado por las reglas y por instituciones justas. Sin embargo las que actualmente tenemos evidentemente no lo son. Las últimas instancias en este país son tan parciales, tan partidistas, que no son merecedoras de auténtica legitimidad, entendida como la aceptación social de una regla y sus efectos. Cuando los tribunales aplican criterios evidentemente arbitrarios e infundados en derecho y en sentido común, no hay manera en la que realmente se les reconozca como árbitro imparcial y se tenga una percepción real de justicia. Por este tipo de fallo la justicia mexicana carece de credibilidad y se le tiene por venal.
Y por desgracia la justicia es sólo uno de los males de nuestro arreglo estatal, usado por la mayoría de los sujetos políticos como fuente para el atraco, para la extracción de rentas sociales, ya sea por medio de los impuestos o por medio de los sobornos. La privatización del espacio público y del presupuesto del Estado. Eso ha sido la política mexicana por siglos. Si durante setenta años al reparto sólo le entraban los incluidos dentro del monopolio priista, hoy son algunos más los que luchan por el botín, y sus roces se enconan hasta la frontera de la violencia.
Y, mientras tanto, entre la sociedad no crece un sentimiento de afecto hacia la democracia. La conducta de los políticos en todos los ámbitos del espacio estatal no conduce más que al rechazo —es absurdo pensar, por cierto, que un juez no es un político: lo es, pero juega en un sistema de incentivos distinto—. Por ello debe de tratarse de carreras completamente excluyentes, que no se entremezclen; en México han estado demasiado entreveradas.
Partes de la sociedad voltean a otro lado, en una mezcla de indiferencia y asco. Entre otras, el abandono y la marginalidad se convierten en resentimiento. Del fracaso de la política para brindar bienestar y garantizar unas reglas percibidas como esencialmente equitativas abrevan la delincuencia organizada y todos los mercados negros, no sólo el de las drogas.
Y la política fracasa tanto porque los políticos carecen de talento para idear reglas equitativas, como por los valores, compartidos por amplios grupos de la sociedad, que premian la apropiación privada de los bienes públicos, lo mismo que por la falta de desarrollos de rutinas sociales de cooperación y confianza.
Bien me comenta Adolfo Sánchez Rebolledo —uno de los más finos analistas de la prensa mexicana, con auténtica cabeza de izquierda:
“Me parece que fue un error dar por concluida la transición a partir del cambio electoral. Teníamos demasiada prisa por ser modernos y se nos quedaron en el camino las herramientas esenciales: el deseo de vivir de otro modo, en primer lugar. Cayó el monopolio del poder y a esa nueva realidad la llamamos democracia. El antiguo discurso del estado de derecho se puso al día sin grandes contratiempos, pero la justicia, la política, la economía o la religión siguieron siendo privilegio de las elites, ampliadas por el reparto del pastel electoral pero minoritarias al fin.
La gran revuelta panista se nos presentó como la última palabra en materia democrática, pero el resultado fue el foxismo-calderonismo. Por eso se escuchan los tambores de los bárbaros y nadie los calla”.
El recientemente fallecido Charles Tilly, que debería ser leído en México con cuidado, no lo hubiera planteado mejor.

jorge_javier_romero@yahoo.com.mx

1 comentarios:

Pedro Aguirre dijo...

Espléndidos tus artículos, Giorgio, te rindo el homenaje que mereces. Sólo te ruego que te cuides más, en la foto de la marcha por la legalización te ves como de 65 años. Tienes razón, la asamblea del DF debió ser cancelada por razones más que obvias, también coincidimos que no se trata de machismo, pero, oye, Luis Tamés, por el tipo, bien podría haber pasado por un caudillo bárbaro de los que asolaron Roma, o por un lugarteniente de Tamerlán. De él si hubiese esperado mas "machismo" y no verlo correr como conejito asustado.

Hay que construir alternativas culturales, formar corrientes de pensamiento. Con los partidos no se puede.